con toda la desesperación que remueve raíces agito mis puños contra el viento vespertino, en la oscuridad, contra el vacío hospitalario de desencantos, me escondo en el armario del segundo piso cuando escucho que fuerzan mi cerradura, me escondo y tapo mis oídos, y cierro mis ojos, tomo una ultima bocanada de aire y apretó mis dientes para no romper en llanto, pero ya es tarde y las raíces fueron removidas de la tierra, el árbol a caído.