Mis pies por lo general estaban fríos, no me animaba a abrigarme o hacer algo para remediar esa situación, esa y ninguna otra.
Evadía sin esfuerzos la mayoría de mis obligaciones, ya casi sin culpa, ya sin notarlo. Podía sostenerme con la ilusión elaborada de algún sentimiento romántico encausado por alguna mujer que poco y nada conocía, lo que facilitaba general un delirio, una idealización de una persona que podía saciar la sed, llenar los vacíos, despertar en mi algún sentimiento cálido o desbordar la razón y el orden del vacío rutinario. Mis emociones ya carecía de fuerza incluso ya eran carentes de forma.
"Espero que mejore" fue lo que dijo una amiga cercana, yo pensé seriamente en decirle que estaba cansado de ella y de lo inútil de todas las relaciones sociales que había sostenido, algunas por mero compromiso. (Perdí el interés de seguir escribiendo.)