porque escribo
Si mi imaginación pudiera usar un objeto punzante ya estaría muerto hace tiempo, si mi imaginación pudiera usar un arma ya hubiese matado a una centena de personas que ni siquiera conozco. Me despierto en las madrugadas veo porno en Internet y me corro una paja, eso lo hago casi todos los días sin falta, luego me doy unas vueltas entre las fradadas, me tapo la cabeza y así vuelvo a dormir un par de horas más. De ves en cuando no me masturbo, no pongo porno en el computador, en lugar de ello me pongo a escribir, si me siento suficientemente lucido me propongo escribir aunque no tenga un impulso vital, ni una idea en la cabeza, definitivamente no tengo un sueño del cual recordar algún fragmento, solo escribir por escribir. Más de algún escritor debe de tener más de una respuesta del porque escribir, más de alguna respuesta valida y perfectamente creíble, yo podría decir que escribo por necesidad, porque me lo dicta mi cuerpo, por inspiración o un deseo desbordante, podría decir eso, pero seria una mentira, no es que no me gusten las mentiras, me encantan, desde muy niños me gustaba contar historias a mis compañeros, inventar historias complicadas de las cosas que hacía cuando no estaba con ellos, de las cosas que vivía, veía, o pasaban en distintos lugares del pueblo, un pueblo chico, dos cerros y la costa eran casi toda su superficie, era una península, recuerdo que una ves llego la policía en busca de un par de amigos que se habían quedado escuchando mis historias en un roquerio junto al mar, bueno, llego la policía y mi mamá, bastante preocupada, que importa su preocupación, llego bastante molesta, otras mamas, las mamas de mis amigos la habían llamado preocupadas porque ya era muy tarde y sus hijos no regresaban aun, eso era normal para mí, mi mama no tenia ni idea, madre soltera trabajadora en un pueblo pequeño donde nunca pasa nada, era lo mismo que decir que podía hacer todo lo que se me diera la gana, pero parece que no podía contar historias divertidas porque otras mamas no eran como la mía, no me castigaron ni mucho menos, pero después del colegio por lo general me quedaba solo, solo jugando en los roquerios junto a la playa, o recorriendo toda la costa, la cueva del pirata, o simplemente televisión en casa, un monologo interno y amigos imaginarios, mucho tiempo solo, mucho tiempo solo hablando solo. Ah si, tengo un hermano, un hermano discapacitado, lo tengo desde que tengo memoria y desde el mismo tiempo yo soy el que esta encargado de cuidarlo, de evitar que no se haga daño a si mismo, de hacerle compañía todo el tiempo que mama trabajaba, mucho tiempo encerrado en casa, mi hermano no era nada conversador, autismo y ceguera lo vuelven un tipo bastante reservado, por no agregar que ademas incomprensible. Tanto tiempo hablando solo atado a estar en casa, solo y sin mucho que hacer realmente, a mis nueve años ya tenia todo un universo paralelo el cual compartir con mis compañeros en el colegio, por eso no era de los más aplicados, creo que casi repito más de una vez, recuerdo estar hasta las tres de la mañana copiando la materia de los cuadernos que mi mamá se conseguía, una mujer sin paciencia puede ser terrible cuando son las dos de la mañana y no has avanzado ni una sola hoja. Desde entonces siempre he empezado a hacer mis trabajos a las tres de la mañana, siempre la noche anterior a la fecha de entrega, siempre sentado en la mesa del comedor recordando a mi mamá cansada, gritándome y arrancando las hojas de los cuadernos por no escribir con claridad. Por lo general fui obligado a escribir de madrugada, siempre sin ganas de hacerlo. En casa mi tío, un marihuanero de 23 años que se fue a vivir con nosotros porque no tenia donde vivir, ni empleo, no tenia proyectos, pero según el se encontraba en un periodo de exploración espiritual. El me decía "mentiras tontas", M.T. El casi no me dejaba contestar a sus preguntas, el sabia que iba a ser una mentira, cualquier estupidez infantil sin mucho sentido como para no hacer mis tareas o no devolver el dinero del vuelto, cualquier cosa para que no descubrieran que hice con la comida que no me quise comer durante horas en la mesa, siempre la mesa del comedor, siempre algún guiso, con mucha carne, con muchas verduras, zapallo, carne mechada o pimentón, la carbonada o las lentejas partidas eran muy motivadoras para quedarse dormido en la mesa, o mirar durante horas las diferentes texturas imaginando me caras de monstruos juguetones y violentos que corrían a gran velocidad, volaban o conducían en carreras de autos rumbo a un precipicio, luego volvía a cerrar los ojos durante horas esperando a que mama dijera, vete a la cama, a la noche te lo comerás todo. Durante esa tarde mientras se suponía que debía estar haciendo mis tareas o tomando mi siesta obligada, iba silenciosamente a la cocina, vertía la comida en una bolsa de plástico, la amarraba y corría al final del patio y con fuerza la arrojaba al techo del vecino, luego ponía mi plato en la mesa y más tarde le decía que me lo comí mientras ella dormía, claro mi tío me había visto arrojar la bolsa, me vio más de una ves, cuando me veía vacilar a la hora de contestarle cualquier cosa comenzaba a gritar M.T. - M.T. - M.T., y luego cantaba sin gracia una y otra vez mentiras tontas, mentiras tontas. Porque escribo, no es ningún misterio, aunque podría decir que es porque soy un mentiroso compulsivo que intenta administrarse de forma productiva o podría fingir que es una pasión o una necesidad, pero lo cierto es más facíl, para mi escribir es como la masturbación, puro placer hedonista, ensalzar mi ego.