Tiempos narrativos.


Perrita rica.
Camino rápido, me escondo en un pasaje, hay cuatro tipos siguiéndome, escucho sus pasos, los veo de reojo. Corro, el pasaje es oscuro, no hay postes de luz, los hay, pero esta noche no prendieron, corro, sigo corriendo.

Estoy en mi cama. Tomo el notebook y lo pongo sobre mis piernas, se me quedó prendido. Me acabo de despertar, son las cuatro de la mañana. Me pongo los audífonos, hago doble clic en el navegador y en Word.

Miro hacia atrás y consigo distinguir sus siluetas. Ellos corren, yo corro más fuerte. Escucho los chiflidos, los silbidos, los gritos. No llevo realmente nada de valor. Que me roben no me importa, pero son cuatro, me da miedo la golpista, que tal si están ebrios. Qué tal si me matan.

Ojeo algunas páginas de Internet, reviso mi Facebook, mi correo, paso por los perfiles y muros de algunos amigos, de unas amigas, de la mina que me gusta. Entre las publicaciones están re-linkeadas algunas revistas digitales. Abro los links. Me pongo a leer.
Cruzo la calle, aquí si hay iluminación. Cruzo muy rápido, pasa un auto, casi me atropella. El conductor me grita, no distingo lo que dice, pero es fácil de adivinar.

Un artículo sobre feminismo, mejor dicho, contra el patriarcado. Informa sobre algunos talleres que se realizaran este fin de semana. Una mesa redonda, un documental y un seminario. Abordan distintos temas, en conjunto cubren todo el espectro de la temática.
Miro hacia atrás, no veo a nadie. Eso me alivia. Pero sigo caminando con prisa, esta noche ya no me parece segura. Paso junto a unos locales, escucho unos gritos. Se asoma un viejo borracho y me grita.

En otra de las páginas hay un cuento. Está ambientado en Santiago, de noche, es breve. Cuenta la historia de una persecución. Lo leo y me da risa. Me habla por el chat, un amigo. Me dice: ¿Cómo está perrin?

El viejo borracho me grita: ¡Ven pa acá perra culia! Me dan ganas de ir y aforrarle. Pero sigo caminando, apuro el paso. Quiero llegar a mi casa. Además es obvio que no está solo.

Otra página, otra revista, tiene una entrevista a un cura conocido, uno que se fue al extranjero. En la entrevista habla sobre la igualdad, su decepción por Chile. Linkea a un video, es la entrevista completa frente a cámaras. La veo un rato, pero aunque su argumento y sus causas son justas, lo encuentro vetusto, bueno en cura, es rescatable creo yo. Pero no da la talla a la época.
Doble en la esquina, en el paradero hay un grupo. Me quedo en el paradero. No tomo mucho tiempo para escuchar algunos comentarios. Comienzan a tirarse tallas entre ellos. Estoy solo a unas cuadras de mi casa, pero ya me duelen los pies.

El último artículo es sobre el trans-género. La igualdad y la libertad. Este artículo lo escribió ella. Es tan lúcida, tiene una voz tan clara. Sus argumentos. Ella es tan guapa además.

Del grupo una voz anónima me grita: ¡Qué mierda te creí! ¡Sale de acá! ¡Mira la wea que está aquí! y siguen subiendo de tono. Nada nuevo, ni siquiera vale la pena escucharlos. Sigo caminando. De todas formas la micro se puede tardar más que yo.

Le escribo que no me diga perrin. Perrita, ¡Perrita rica además! Le digo que estoy bien, que esta noche me devolví temprano. Le mando el artículo. Le digo, que me gusta mucho la autora, que ganas de ser ella.

Llego a mi casa, me saco los tacos. Prendo el computador y me recuesto en mi cama. Son alrededor de las tres de la mañana.