Paillaco Comuna chilena ubicada en la Provincia de Valdivia, en la XIV Región de Los Ríos.
Integra junto con las comunas de Futrono, La Unión, Lago Ranco, Los Lagos, Panguipulli y Río Bueno el Distrito Electoral N° 54 y pertenece a la 16ª Circunscripción Senatorial (De los Ríos).
- Habitantes:19.237
- Superficie Comunal en Km2:896
- Habitantes por Km2:21,47
- Población Masculina:9.620
- Población Femenina:9.617
- Porcentaje de Población Rural:48,16%
- Porcentaje de Población Urbana:51,84%
- Porcentaje de Población Comunal en la Región:1,79%
- Hospitales:1
- Consultorio:1
- Compañías de Bomberos:3
- Estaciones de Servicio (Gasolineras):2
Paillaco. Wikipedia.
Por allá en sur. Yo soy de Santiago, me crié toda la vida en santiago, así que cuando me soltaron de las jaulas, cuando saque el 4to medio agarre una mochila vieja que había dejado torada mi papá. Metí un pantalón, dos poleras, una camisa de franela, todos mis calzoncillos y calcetines. Enrolle una frazada me hice un pan, tomate-mayo. Grite mientras salida, vieja voy pal sur, ya vuelvo.
Me baje en el metro pajaritos, ya sabía algo, pero no mucho partí pa valpo, es más pal norte, pero ahí me junte con unos amigos. Estuvimos revotando en fiestas, casas, y por ahí rodamos por una o dos escaleras. Chucha que está mal hecho valpo, una vergüenza para el modelo de urbanización. Pero entre tanto pliegue y recoveco es eminentemente un lugar de perdición y con tanto porteño jugoso, puta valpo estás en mi corazón. Mi vieja nació en valpo y se le nota, no es pa na una vil polla. Yo le digo sirena al 3 y al 4. Cada vez que tiene unas moneitas se va a la playa, si no lo hace seguro se muere.
Bueno carretera, camionnes, negociar con los conductores, separarse. Yo creo que para nadie es un misterio salir a mochilear. Tiene 2, tal vez 3 requisitos fundamentales. Uno, salir a la carretera y levantar el pulgar. Dos ser paciente y adaptable. Algunos dirían que tení que salir presentable, ojala ropa blanca. Pero son esos mismos que después dicen que es mejor si salí en parejas y con una mujer. Es cierto que te llevan más rápido, es inteligente si así lo quieren ver. Yo no me la compro, yo soy de los que prefiere caminar bajo el sol, quedarse junto a la carretera. También dicen que hay que llevar un buen calzado. Siempre dicen que hay que llevar porro. Yo creo que lo que de verdad tení que llevar es agua, agua en botellas, botellas para llenar de agua.
Ahora si. Por allá en el sur, andaba solo. En Temuco, caminando en círculos desde el Terminal rural al terminal "normal" supongo que solo se llama Terminal de buses. En la calle me encontré con el Rafa. Un pendejo, no tan pendejo, venia del norte, pero era del sur. Trabaja en el norte, trabajaba de lo que fuera y ademas estudiaba, estudiaba, trabajaba y mandaba plata pal sur. Le mandaba plata a su mamá y sus hermanos chicos. Y se vino mochileando desde el norte, porque no tenia plata. Estudiaba, trabajaba, en lo que fuera, le mandaba plata a su mamá y a sus hermanos chicos en el sur y mochileaba, mochileaba desde el norte hasta el sur, del desierto hasta el húmedo bosque. Eso fue lo que supe de él en los primeros 3 minutos de conversación. Lo siguiente que supe es que nos íbamos juntos. Esa noche llegamos a Valdivia, yo iba a Valdivia, ahí me iba a encontrar con una amiga, una conocida en verdad.
Esa noche dimos vueltas por las ferias, tambores y plazas. Luego buscamos un lugar para quedarnos, un lugar piola donde armar su carpa. Elegimos una casa en construcción en la oscuridad de Isla Teja. A la mañana siguiente nos separamos, le dije que tenia que esperar un par de días a que llegara una amiga, nos dejo invitados a su casa. Me dio su celu y yo el mio. Lo a acompañe al terminal y lo vi negociar con el auxiliar, por setecientos pesos el llegaría a su destino.
Me que de solo un par de días, durante el día me dedique a trotar, vallan a Valdivia y lo entenderán. Fui a un festival costumbrista en Niebla, me baile una cuecas. Ahora voy a explicar un montón de detalles que pase por alto. Primero, no es la primera vez que mochileo, lo había hecho varias veces mal. Por periodos muy breves de tiempo, siempre solo y difícilmente busque compañía. Ya había llegado a Valdivia 3 veces en los últimos años, 2 veces en pleno invierno. Una vez llegue hasta la "Reserva Costera Valdiviana" y me interne en el bosque en contra de todas las indicaciones y ordenes explicitas. Mochileando solo me había dado cuenta de una cosa, todo se puede hacer, con voluntad. Y bueno aprendí mucho.
Está vez salí sin carpa, sin saco, sin chaqueta, sin comida, sin toalla. Aparte de lo que les dije que metí en mi mochila llevaba solo lo puesto, un traje de baño, una polera y zapatillas. La carpa me la conseguí en Conce con unos amigos, la chaqueta también, la comida me la obsequiaron en distintas casas, ayune varios días, pase hambre, pase frío, tuve que desvelarme toda la noche varias veces, fui a fiestas solo para dormir en el suelo, fui a bares solo para usar sus baños. El ultimo detalle, salí sin dinero.
Nunca pedí nada en la calle, pero dormí con los vagabundos de los lugares a los que iba, me contaron sus historias, hombres de mundo, en general siempre me hablaron de sus viajes, viajes como el mio, viajes que cambiaron sus vidas y decidieron abandonarlo todo. Hombres de buena familia, hombres educados. Hombres grandilocuentes que contaban su versión de las cosas, nunca mencionaron ser alcohólicos, pero nunca dejaron de darme ron. Nunca mencionaron a las familias que dejaron tiradas, a los hijos que nunca podrían reconocer. Nunca dijeron nada sobre lo solos que se sentían. Y lo mucho que extrañaban mirar a otro como un igual. Yo creo que por eso me cuidaron a donde fuera, ellos vieron en mi un pasado, yo vi en ellos un futuro.
Se que esto es muy desorganizado, pero tengo que explicar algunas cosas sobre mi, para que está historia tenga credibilidad. He estado enfermo durante algunos años, el ensimismamiento, la desesperanza, la simple y solida tristeza. No perdí todo el tiempo, pero si gran parte de él. Está como muchas otras antes y muchas que vinieron después. Es mi ultima aventura, por algún motivo siempre he sentido que estoy llegando tarde a algún sitio. Que soy el ultimo. El más lento. Sin embargo esto que antes parecía un problema, un complejo si es que así lo quieren. Hoy es mi fuerza vital. Supongo que todo es cuestión de perspectivas, me gustan las perspectivas, todas las que sean posibles.
Volviendo a la historia, en Valdivia, no, no, no. Antes de Valdivia, antes de Temuco, justo antes de conocer al Rafa, antes del Terminal rural, antes conocí a una francesa preciosa en el bus. Ambos veníamos de Lonquimay. Ella había ido por el día, yo había la noche. La vi revisando un mapa, la vi y me parecio hermosa, cuando hablo con su acento me parecío idealizado. Pero lo cierto es que no me importo tanto como se pensaría, conversamos un rato, yo coquetee un rato y cuando nos despedimos me dio el mapa. Eso, eso era todo lo que yo quería realmente, un mapa. El mapa de Chile, el mapa de Chile me lo dio una francesa un año mayor que yo, que se encontraba haciendo sus practicas de sociología en la municipalidad de Temuco y que en su tiempo libre recorría los alrededores. Tenia un nombre muy francés y era demasiado guapa. Hubiese querido conocerla más, pero el mapa de Chile era suficiente.
Cuando estuve en Lonquimay, es un nombre mapuche, significa cabeza buena. Llegue, ya en ese momento parecía un Hipie setentero, más cargado pa gringo de película. Una cinta en la cabeza, uno blue jeans, una camisa sucia y mal abotonada y una barba que en cuestión de un mes ya se había vuelto algo abultada. Estaba bastante sucio, y de mi mochila no ya no solo colgaba mi frasada mal enrollada, también había una vasta colección de plumas, ramas, una saco con piedras. No es tanto el mal de diogenes, es más bien la belleza de las cosas simples. Lo etéreo de las plumas contrapuesto a las piedras y rocas, cruzado a su vez por las ramas, ramas preciosas, con texturas y colores, con sonidos y olores diferentes, algunas más vivas que otras, más frágiles. Las rocas salinas de lota. Si también pase por Lota antes.
En Lota, vi la realidad de mi viaje por primera vez, entendí que los lugares están hechos por la gente, Chile tiene los paisajes más bellos posibles de imaginar, eso es lo bello de Chile. Pero está tierra, está larga cicatriz nunca a dejado de sangrar a la gente que vive en los lugares más bellos del mundo. En Lota no conocí a nadie, estaba algo nervioso, todas las casas parecian medias aguas, de los colores más preciosos. Casas apiladas una junto otras. Casas rojas, verdes, amarillas, naranjas, moradas, azules. Casas chicas de puertas calipsos, casas medianas de madera y solores coloniales, colores pasteles, colores vividos, intensos. Todas envueltas en protecciones, alambre de púas, casas sin vidrios, con plásticos pero cubiertas como fortalezas, protecciones en cada ventana, en cada puerta, cansadas cerraduras apiladas una sobre la otra, una junta a la otra, pestillos y candados. Casas de paredes tan delgadas como el papel y puertas imposibles de abrir, y ventanas imposibles. Por calles estrechas de mirada dolida, desconfiada.
Los perros en todas las calles, pequeñas jaurias de no más de 6 que se avalamzaban sobre uno con violencia, con rabia. Con miedo alargaba mis piernas y apuraba el paso en busca de un camino más tranquilo. Al paso de las piedras junto al más, al paso de las ruinas.
Lo ultimo que recuerdo de Lota es estar recorriendo sus bosques, en los cuales reposan las ruinas. Pero lo que más recuerdo son sus Jotes, sus Buitres. Los Jotes de cuello rojo, subiendo lentamente a saltitos cortos la arista de un cerro, subiendo lentamente para alcanzas altura y emprender el vuelo. Los vi sobre volar la costa y caer en picada, asomarme a ver, ver más allá y encontrarme un Lobo marino muerto y en descomposición, bajo el sol, encallado ya hace días junto al mar, con el estomago rajado y los Jotes asinados unos sobre otros, picando, arrancando las viseras, trozos de carne, los ojos. Lo vi y aunque nunca había visto algo como eso, la escena me pareció familiar, como si nunca hubiese dejado de verla. Como si junto al mar siempre hubiesen cadáveres en descomposición, como si esa peste fuera imposible de eludir, como si fuera cosa de todos los días.
Mientras contemplaba esa escena en silencio, sentado junto a mis piedras y plumas. Pude observar otra escena, mi amigo recorría la playa con diligencia recogiendo decenas y decenas de botellas, vidrios rotos, cajetillas de cigarros,cajas de vino, plásticos irreconocibles, pañales, toallas higiénicas, latas, cartones, pedazos de coches, zapatos, etc. Lo contemple por una hora o más.
Ya. Cuando llegue a Lonquimay comenzaron a gritar, ¡mira el hippie! Recorrí el pueble en menos de una hora, cuando ya había decidido montar la carpa junto al río, justo a la entrada del pueblo. Tenia que hacer la hora, esperar a que cayera la noche. Tenia dos lucas en el bolsillo, toda mi plata y la verdad no se de donde salio. Las mire con desconfianza y luego me compre un pan. Busque la parte más alta del pueblo, una plaza en una colina, una especie de mirador. Me quede ahí por un rato. Durante más de una hora me estuve comiendo esa marraqueta. Esa es la forma de comer me repito todos los días cuando estoy en Santiago, aunque es difícil lo sigo intentando. Luego de contemplar todos los horizontes, las montañas, los volcanes. Volví a bajar con hambre, pero entre al bar abierto en todo el pueblo. Me senté en una mesa junto a la entrada y pedí una cerveza, de la única marca que tenían, por suerte me alcanzo justo.
El bar tenia mucho movimiento, luego de servirme el segundo baso, entro una cara conocida, el primer chistoso que me grito Hippie en la calle. Me miro y luego camino al fondo del local, junto a la barra, saludo a la encargada y se sentó en una mesa donde ya habían otros 4. Uno de ellos me miro y me hizo un gesto, como si hubiese estado esperando a que hiciera contacto visual. Me llamo a su mesa, me empine el baso, lo volví a llenar y fui con él. Me invito a sentarme, se llamaba Francisco, el dijo Pancho. Me pregunto qué andaba haciendo, se nota mucho que no soy de acá. Le dije que mochileando, que llevaba un rato en eso. Le pareció bien y me hizo contarle mi recorrido.
Al cabo de un rato muy breve, ya sabía que: El había nacido ahí, 5 hermanos, uno por parte de madre y los otros por parte de padre, los por parte de padre todos tenían distinta madre. También sabía que ahí la gente es buena, cabeza buena me dijo, explicando que la gente en el sur es muy abierta, ellos te reciben de brazos abiertos, lo repitió varias veces. Haciendo el contraste con la gente del norte. Alla la gente no te abre la puerta, miran de reojo, son fríos, la tierra es árida, la gente es árida. El invitaba las cervezas. Estaba de fiesta, ese día, justamente ese día se reuniría con todos sus hermanos, algo que no sucedia hace años, ese día se reunirian todos en su pueblo.
Todos eran hombres tarbajadores, me parece que el mayor no tenia mas de 30 años, el menos debía tener unos 16, su hermano materno en todo caso. Me dijo que el conocía todo Chile, conocía Santiago mejor que cualquier santiaguino. El trabajaba en lo que fuera, pero trabajaba bien. Cuando llego el primero de sus hermanos, el ya me había contado de su experiencia en el servicio militar, me contó sobre los ejercicios de fuego real, comento una muerte accidental, con voz parca. Luego me contó con excitación lo que tenía que hacer él. Operaba una especie de cañón, algo así como un lanza granadas, aunque tal vez no llegue a entenderlo. Me contó del trabajo de su hermano, su hermano me contó de su familia. En menos de una hora creo que lo sabía todo y podía sacar mis propias conclusiones para el resto.
El Pancho me dijo que el era así porque le había tocado vérselas feas por el norte, para el norte es lo mismo que para mí. No es de esos sureños que dicen que Santiago es el norte. Su hermano en cambio si me decía el nortino.
El bar cerro, la encargada ya llevaba un rato sentada en nuestra mesa, me contó que venia de argentina, me lo dijo ella o me el Pancho. No lo recuerdo, solo se, que en un rato sabía la vida de todo el pueblo, sus ambiciones, sus experiencias, sus problemas, todos sus dramas, en menos de dos horas sabía más de el pueblo y sus habitantes de lo que sabia de mis vecinos en Santiago.
El local cerro y el Pancho me dijo está noche nos iremos de fiesta, el estaba lanzado, dijo. Y recién pagado. Me invito a la casa de su viejo, dijo que ahí se reunirían los hermanos y comería. Y podía armar mi carpa en el patio, que me ofrecería una cama o el sillón, pero como hoy se reúnen todos no hay espacio. Mientras vamos caminando me dice que mañana puedo desayunar y almorzar ahí. Dice que me sienta en confianza. No se me hizo difícil, la cuestión es simple, en mi casa hemos recibido por lo menos a una decena de alojados desde que tengo memoria. Madres solteras, hombres solos y tristes, amigos que fueron echados de sus casas, por todos los motivos que se te puedan ocurrir, pero en resumidas cuentas porque no son lo que sus padres quieren. Todos se han quedado por meses hasta más de un año. Lo hace mi abuela, lo hace mi mamá y lo hago yo. Cuando lo hace mi abuela, siempre elige personas como ella. Cuando lo hace mi mamá, son personas como ella o como yo. Cuando lo hago yo, son personas como yo o como ellos mismos. A veces no tenemos espacio, privacidad o comodidad. Pero nos parece algo natural. Así que me desenvolví con mucha naturalidad estando del otro lado.
Entonces mientras caminábamos cuesta arriba vino a mi un recuerdo de la infancia cuando por meses me quede en distintas casas, casas de amigos, de amigas de mi mamá. Cuando llegue a vivir de alojado en la casa de una tía, una tía distante, cuando tuvimos que dormir en una pieza mi mamá, mi abuela, mi hermano, hasta mi papá y yo. Entonces entendí que no había nada nuevo en está experiencia, de hecho era la norma. Comí mucho pan con mantequilla, pan casero y café. Me ofrecieron un plato de cazuela, la acepte a regañadientes, porque llevaba hasta ese momento 10 años siendo vegetariano, pero desde un comienzo me propuse no imponerme restricciones o limitaciones durante todo el viaje. Así que comí con dificultad pero muy contento y agradecido de un plato de comida de verdad.
Su papá, Don Jose, era un viejo a mal traer, ya se veía algo cansado, algo agotado. Era amado por todos sus hijos, su sonrisa era honesta y su trato amable, hablaba muy cantado y se me hizo un poco difícil seguirlo toda la conversación. Aun así se me hizo mucho más fácil que a todos esos conductores que me habían llevado hasta el momento. Porque si, ya había pasado por más de una veintena de autos, idas, vueltas y revueltas.
En autos había conocido algunos teóricos, algunos historiadores, algunos políticos, algunos ingenieros, empresarios, madres de casa, hombres solos, hombres acompañados, locos, volados, hippies, viajeros, jóvenes, viejos, familiones, guías turísticos, hombres risueños, hombres serios, emprendedores, carniceros, asesinos. Todos los estratos sociales convergen en esas putas carreteras, al principio me decía que todos serian hombres buenos. Y los que no paraban serian los malos. Luego entendí que algunos solo eran y ya. Fue difícil pero con el tiempo aprendí a escucharlos a todos.
Don Jose tenia un patron, Don Jose me dijo que era un hombre bueno, su casa, que debo describir rápidamente como una media agua con piso de tierra, medianamente destartalada, con agua de poso y varios posters de Felipe Camiroaga, creo que incluso había una con una plegaria, esa casa la había levantado él y el terreno era de su patrón. Comimos y cenamos frente al televisos, teatro en chilevison. Al otro lado de una cerca a unos veinte metros había una especie de mansión, con dos camionetas estacionadas afuera. Él patrón era el duelo de casi toda la tierra trabajada. No seguiré hablando de esto.
Cuando nos fuimos a la fiesta el cielo rebosaba de estrellas, solo en Chauin había visto tantas estrellas. Reagueton, cumbia, merengue, mucho vodka, tequila, pisco, ron, salsa, bachata. El dj ponía canciones que no había escuchado desde hace 2, 3, 5, 7 he incluso 10 años. 10 años atrás en otro pueblo chico. No quiero describir nada de esto, lo pase bien, quizás, diría que fue una fiesta demasiado violenta, y que el animador, si en estas fiestas hay un tipo con micrófono que se "motiva" a todos y cada uno de los presentes, yo era hippie y el único afuerino de la fiesta. Y diría más claramente que su pega es agarrar pal webeo y subirse por el chorro. Me devolví solo a la casa de Don Jose, ya había montado la carpa, así que me dormí apenas entre a la propiedad. A eso de las 6 escucho un alboroto, es Don Jose, que ademas de trabajar las tierras de su patrón, junto con su señora, una de ellas según llegue a entender, él repartía la leche a todo el pueblo. La vi a ella ordeñar y a el lo ayude a cargar, luego me dio un vaso de leche tibio. No tuve hambre el resto del día.
Me fui sin despedirme puesto que todos dormían. Me pare en las afueras del pueblo durante una hora sin resultados, al final decidí que era una perdida de tiempo, me paré al otro lado del camino y en cuestion de minutos iba junto a una familia muy amable camino a Argentina, aunque yo solo llegue a unas cascadas y unos saltos de agua.
Luego encontré entre los visitantes un hombre muy amable que me llevo por lo menos medio camino de vuelta a Temuco. Me enseño la historia de la zona, recuerdo haber escuchado al menos 5 títulos universitarios, me hablo sobre las diferencias de la tierra, la tierra volcánica tiene demasiado sulfuro, dificulta el cultivo. Me enseño sobre el clima, los biombos climáticos que se dan junto a la cordillera, me explico porque las distintas vegetaciones. La distancia ente los pueblos, las casas históricas, antiguas estaciones para reabastecer de agua las antiguas locomotoras, me explico que así se originan los pueblo.
El está gestionando un proyecto para que desde el túnel las Raíces hasta Lonquimay sea un lugar de atractivo turístico, el dijo, un nuevo Pucon, pero consiente. Pregunte qué tan consiente. Me hablo un rato de ecosofia y luego sobre conciencia histórica. Pero la conversación derivo a sus mochileos de joven y al padre ausente que tenemos todos los chilenos. Dijo todos los chilenos somos wachos. También dijo que el viaje del héroe del chileno siempre retorna a casa. El dijo que no sabía a que casa. La mayoría quiere pensar que Chile les pertenece. El viajaba a menudo de Chile a Argentina, todo el tiempo. Al final se veía un poco molesto por la conversación, yo solo lo escuchaba atentamente. Llego el momento de separarnos, me despedí muy agradecido de todo lo que me había enseñado.
Ahora si, Valdivia. Dormí en el terminal, en una banca y fuí a una fiesta en la Playa de Niebla. Encontré un bar con agua caliente en los baños, lave y tendí mi ropa en el Parque Saval y el resto del tiempo solo trote. Cundo llego al fin mi amiga, mi conocida, estaba impecable, como no lo había estado hace mucho. Conversación tosca y desconfiada. No sabía como hacer que funcionara, el plan era simple mochilear juntos un rato, ella me apaña yo la apaño. Al final resolví que hablaría despreocupadamente y le contaría como iba la cosa hasta ahora. No se si funciono tan bien, no al comienzo al menos. Me sentía un bicho raro, hasta que notamos que nuestra disposición era más o menos la misma, simplemente adaptarse a todo lo que venga. Si lo tengo que poner de alguna forma. Diría la mina es terrible aperra, pura carne de perro. No nos estorbamos nada y compatibilizamos super bien. En verdad no diría que alguno de los dos era tan resulto hasta que estuvimos en esa situación. Bueno no quiero hablar de eso tampoco. Quiero llegar a Paillaco, es el pueblo donde está el Rafa, quedamos de volver a reunirnos y seguir los tres el viaje, aunque todo era bastante incierto en ese momento.
Paillaco, la paila de agua me dice el Rafa. Aunque la la palabra paila es de origen español. En verdad significa aguas tranquilas. Luego de hacer algunas varias cosas por Valdivia, nos fuimos a Paillaco, llegamos de noche, lo más llamativo eran las verdulerias abiertas a eso de las 2 de la mañana. Cuando llegamos, ahora debo ser sincero, mi amiga corría con los gastos, puesto que yo en verdad la ultima vez que tuve dinero me lo termine por gastar en libros usados. Una rápida lista de gastos, el bus, los panes, los tomates, un café, una empanada, naranjas. Luego las cosas se equipararon un poco cuando decidí que era demasiado y eso se resolvió muy fácil, fui a un cajero y saque parte de mis ahorros. Lo cierto es que nunca tuve problemas de plata, solo quería vivir una experiencia muy especifica, a sí y guardar para la matricula de la Universidad.
Cuando llegamos costo mucho comunicarse por teléfono con el Rafa, estaba en medio de un atado familiar aparentemente. Acordamos esperarlo en la plaza, esa plaza es una cosa muy disonante con el resto del pueblo. En Paillaco no hay atractivos turísticos. Su particularidad es que se inunda con las lluvias, así que nunca me dejo de hacer más sentido paila de agua. En el tiempo que estuvimos ahí, esa noche. Solo nos quedamos esa noche y nos fuimos a la tarde siguiente, sin el Rafa. Sin embargo la considero las más importante de todas las paradas y la que no ha dejado de estar más presente en mi.
Nos sentamos en la plaza, esperamos justo frente a la estación de bomberos. Se corta la luz en todo el pueblo. Esperamos casi en silencio. A la Anabel, mi amiga, ya le conté todo sobre el Rafa, todo lo que se hasta el momento, le comente hasta lo que pesaba de el en base al libro que estaba leyendo, no comente nada del libro, eso estaba implícito en mi opinión del Rafa.
Al fin nos juntamos, se ve tenso, se le dificulta darse a entender. Se le nota que esta pasando algo, nos dice que hay un atado familiar pero no dice más al respecto. El Rafa y la Anabel se llevan super bien, tienen mucho tema, nombres de plantas y sus funciones. Nos habla de una casona, un centro cultural que se quemo el año pasado, esta enojado. Pero se ríe de que hayan tres estaciones de bomberos. Nos dice que cuando el era chico la casa, era como la mitica casa embrujada. Cuando uno es niño las casas grandes y solas siempre están embrujadas. Pienso en mi propia casa embrujada, no tengo. Es difícil ser niño en Santiago. Es difícil ver más allá de tus narices, al menos eso pienso ahora. Supongo que lo vengo pensando desde que la Anabel me conto su infancia. La mía es como una nube borrosa.
Buscamos una boti, el Rafa se propone hacerla de guía turístico, pero no le sale, hace tiempo no tenía la oportunidad de venir. Llama a sus amigos toda la noche pero ninguno apaña el carrete. Terminamos en un sitio eriazo, bueno en realidad son unos establos pero no hay caballos. La luz volvió hace tiempo pero en donde estamos no hay tendido eléctrico. Podemos ver la luz de las cazas. Y del poblado un poco más alla. El Rafa trajo una radio a pilas, la misma que usamos hace unos días en Valdivia, escuchamos la musica de la Anabel toda la noche. Yo nunca había querido escuchar a la Violeta, pero ahora es lo unico que quiero escuchar, la Anabel pone a la Chavela todo el rato. Y el Rafa finalmente agarra la radio y le pega un zapping a todo el anglo del Mp3.
El Rafa nos llevo a esos lugares donde paso sus primeras tomaderas, son callejones y roquerios al aire libre. Eso es lo que tienen los pueblos Chicos, tomar en pueblos chicos te garantiza miradores de bellezas naturales. Ya estaba cansado de las luces de la ciudad. Aun es temprano cuando el Rafa se despide. Armamos la carpa tomamos otro poco de Vino, otro poco de Ron, el Ron lo tenia el Rafa en la mochila. Nos acostamos, me pongo los audifonos y me quedo raja en un rato.
Despierto con el sonido de pasos torpes en la amanecida, yo solo quería seguir durmiendo. Cuando asomo la cabeza hay un montón de vacas pastando. Desarmamos rapído y mientras estamos en eso llega el Rafa son las 8 casi. Llego un poco antes de lo acordado, hoy hay feria dijo que hoy haría un recorrido como corresponde.
Nos lleva a ver las iglesias, es el único recorrido posible por Paillaco, el de sus experiencias personales y sus recuerdos de la infancia. Verdulerias, casas en las que se paso de chico. Los nombres de la mayoría de las plantas la Anabel también se los sabe todos. Van recolectando plantas, dicen que para hacer tecito. Cuando escucho la palabra tecito siempre me dan ganas de pegarle a alguien, pero no va al caso. Nunca va al caso, aunque un día lo haré sin más.
Hay varios carteles con el logo del Gobierno de Chile, el logo de la concertación, no estoy seguro si es el de Lagos o Bachelet. Proyectos sin terminar dice el Rafa. En verdad son choqueantes, son inmensos y en un rincón dicen lo que el proyecto va a hacer por el país, por Paillaco en este caso. Hasta el momento no es más que un pueblo perdido, olvidado si así les parece. El Rafa se ve extrañado a cada paso, todo lo que antes fue ya no es. Todo lo recordaba de un modo muy particular, veo, escucho su decepción. No es la misma persona que conocí unos días antes en Temuco.
Mientras viajamos me contó de las fiestas perdidas en el norte, del floripondio, de la alegría de vivir, era un optimista, no le molestaba si la vida era dura. Me hablo del San Pedro. Si, partimos hablando de drogas, es fácil empezar hablando de drogas, luego de sus ambiciones, de que estudiaba forzado por el padre, el quería estudiar artes.
Llegamos a la feria y la recorrimos sin comprar nada, aunque por un momento la Anabel y yo quisimos. Justo en frente de esa feria cruzando la calle había otra, en esa vendían ropa y otras despensas, no verduras, pensé en cruzar pero el Rafa miro con desconfianza y dijo que no quería encontrarse con alguien. Entones lo entendí y más tarde nos pidió que lo acompañáramos al cementerio. Caminamos, la Anabel y el Rafa conversaban de nada y repetían cosas de plantas que terminaría por memorizar más tarde.
Se largo la lluvia sin aviso, en el sur pasa eso todo el tiempo. Pero fue la primera vez que paso desde que había comenzado el viaje. Se largo fuerte. Y pudimos escuchar, va a seguir, no va a parar, esta solo de paso. Cada sureño tiene la razón pensamos. Así que va a seguir aunque solo este de paso. Llegamos a la florería y el Rafa ahí se consiguió una escoba, un rastrillo y un balde.
Vamos a visitar a mi abuelo, necesito decirle algo, hablaron de los espíritus, deje de escucharlos por falta de interés. Solo escuche, los espíritus siempre están entre nosotros, eso me hizo sentido. Entramos a la propiedad mientras se despejaba el cielo. Tumbas apiladas y coloridas por todos lados. Nos detuvimos en varias. El pololo de su mama había muerto un año atrás. Atropellado me parece, era un hombre joven, unos 8 años más que el Rafa. Nos detuvimos en tumbas que no llevan ni una semana. Montones de flores apiladas descomponiéndose por la humedad. Niños, mujeres, hombres. Jóvenes y viejos. Buscamos al rededor de una hora. Me detuve leyendo los pocos epígrafes que pude encontrar, el único que me produjo un remeson serio fue madre de dos. Fue cuando saque las cuentas, murió a los 32 años. Me imagine a los niños en brazos de su abuela. Un niño y una niña envueltos en el llanto. Me recordó un velorio al que había asistido hace dos años en Santiago. La misma situación.
Algunas tumbas, todas las tumbas estaban igual de descuidadas y algunas eran fosas comunes para toda una familia. Quise robarme algunas cosas que dejaron en las tumbas, pero luego mire al Rafa afligido porque dábamos vueltas repitiendo el nombre de su abuelo Miguel. Miguel el abuelo, Miguel el padre y Miguel el hijo. El Migue quería limpiar su tumba, ya que su hijo no lo haría, no lo había hecho nunca. También quería decirle viejo maricón, tu hijo es igual a ti. El papá del Migue días atrás había abandonado a su familia, es decir la había dejado botada, porque ya hace mucho que no estaba para ellos, pero ahora tampoco los apoyaría con plata. Le dijo al Migue que no le pagaría más los estudios y que como su mamá no iba a volver con él, tampoco le importaba. Ni ella, ni el Migue, ni sus hermanos chicos.
Nos fuimos tan frustrados como llegamos, sin poder encontrar la tumba del hombre muerto. Sin poder encontrar su nombre. Sin ganas seguimos al Migue nos llevo a su casa, es decir la casa de su mamá. Es decir la casa de la hermana de su mamá, ya que los habían echado a la calle hace unos días. Una media aguas, muchas casas apiladas unas junto a las otras. La lluvia volvió. Entramos deprisa, eran dos habitaciones. La primera era la cocina y el comedor, una mesa pequeña, no caía otra. La tía del migue nos mando a comprar, una bebida. La Anabel pago la bebida y regresamos con los pies empapados y escurriendo agua desde el pelo.
Ahí entendí porque le llamaban la paila de agua, pronto se empezó a inundar la calle, calle de tierra. Nos sirvieron unos fideos, con salsa y vienesas. Nos sirvieron y cada bocado lo comimos con culpa. Alcance a ver al otro lado de una cortina habían cinco niños peleándose un noteboot maltratado o viendo la televisión, eran al rededor de las 3 y aun no comían, pero nos sirvieron primero a nosotros. En la mesa no caían más, no habían más platos, ni tazas, ni vasos. Por un momento pensé que tampoco había más comida. No había, después de nosotros comieron los niños pero la mamá del Migue repitió varias veces que no tenia hambre, la tía solo guardo silencio.
Luego pude ver a un viejo recostado en una cama al otro lado de la cortina. El Migue me dijo que era su abuela, la tía me dijo que era su papi, la mama del Migue, Claudia, explico que el tiene su casa pero que su señora lo hecho justamente la noche anterior, no le dio importancia como sabiendo que se solucionaría, como si fuera algo normal. Por como lo dijo entendí que la señora no era su madre, pero no me pareció correcto preguntar quien era o indagar porque. Nos sentíamos muy incómodos, cuando el viejo despertó, salimos rápido de la casa al estrecho ante jardín. Vi niños jugando en la calle descalzos, embarrados, con palos y espadas de plástico. Un pequeño no tenia más de de dos años y daba pasos torpes frente a otra casa, también se encontraba descalzo. La Claudia, era joven, en verdad se veía bastante guapa, uno 34 años, no más. Saque las cuentas y le pregunte al Migue si era el hermano mayor, me dijo que tiene otro hermano, un año mayor, pero que se fue hace años, no saben nada de él. Lo dijo como si nada. Los problemas del presente son los únicos que importan susurro. La Claudia nos mando a comprar algo de pan para su papi, Don Jose.
Fuimos al almacen, el Migue, la Anabel/Ana y yo. Antes de llegar escuchamos, es decir escuchan, yo lo veo. Caer a una señora de golpe al suelo. La veo caer y reventar en llanto. El Migue corre y la Ana corre. No se que estoy pensando, debí correr. La ayudamos a levantarse y nos indica donde está su casa, un par de pasajes más allá. La señora tiembla, las rodillas le sangran y no para de de llorar desconsoladamente. Balbucea, intenta decirnos algo.
Hace unos días en Valdivia, en Curiñanco, nos despertamos temprano con la Ana, era nuestro segundo día ahí. Cuando despertamos saque la cabeza ahogado y mire afuera. Vi un Jote, uno de cuello negro, lo vi tan solo a unos metros. Y desperté a la Anabel para que lo viera. Cuando asome completamente la cabeza afuera vi que no era solo uno, una decena, dos decenas, y luego más, dispersos por la costa. Los contemple durante una hora antes de que la Anabel me dijera que en la orilla de la playa había un pato, un pato que agonizaba. Se levantaba torpemente y volvía a caer, se levantaba y el cuello se le torcía, le colgaba. Los buitres lentamente se acercaban a él. Eran por lo menos quince los que estaban rodeándolo, completamente quietos, esperando. Pacientes, sin pelearse, esperaban, esperaron por horas. Solo esperaban. Saber ser paciente.
La señora Lidia, ese era su nombre, volvió a caerse de nuestras manos, temblaba todo su cuerpo, las muletas las llevaba el Migue en la mano y con la Anabel intentamos levantara nuevamente. Cuando por primera vez la escuchamos. Mi hijo, mi hijo, lo repetía una y otra vez. Mi hijo va a venir a verme. Lo repetía con estrépito. Su llanto, la histeria de sus gritos. En sus palabras solo había dolor. Llegamos a su casa, una de tantas casas amontonadas, como las de Lota, llenas de colores, rodeada de rejas y portones. Tome distancia cuando se sostuvo sola, en pie apoyada en la entrada. La Anabel se quedo con ella en el pórtico de la casa. Seguía repitiendo mi hijo va a llegar, hoy viene a verme, hoy viene. Le preguntamos si se encontraba bien, por qué temblaba así. Intentábamos contentarla por que su hijo venía.
Nos ofreció pasar a su casa. Y entonces entendí. Mire a la Anabel, ella no soltaba a la señora Lidia. La señora no la soltaba a ella, no la quería soltar. Se acerco una vecina cansada de escuchar los gritos. Y con muy mala actitud nos pregunto si queríamos ayuda. Nos explico que ella temblaba por el alcohol. Que si le había dado un ataque había que llamar a la posta. Que era cosa de siempre. Dijo que ya había llamado. Dijo que su hijo no iba a llegar, se había ido hace muchos años ya. Nunca la venia a ver, todos se cansaron de ella. Está sola. Entonces la mire y con la Ana aceptamos su invitación a pasar. En ese momento solo a la Anabel y cerro de golpe la reja, nos miro con desconfianza y se encerró en su casa. La vecina nos dijo que el hijo parece que trabajaba en Viña, en el casino. Que no lo había visto hace años. Otro vecino más relajado dijo que años de años. El ultimo dijo que ese hijo era un maricón, también dijo que la señora estaba loca.
Nos fuimos desconcertados, el Migue le paso las muletas a la vecina, ella las recibió de mala gana y se encerró en su casa. La lluvia volvió, todo esto paso en cuestión de minutos. Mire a la Ana, ella ya no aguantaba más. No se que estoy pensando. El Miguel parecía resuelto, indiferente. Recordamos comprar pan antes de regresar a la casa.
Nos quedamos en el ante jardín, no dijimos nada por un rato. La Claudia nos ofreció fumar, recibí el cigarro sin ganas, lo encendí sin ganas, me lo fume sin ganas y luego le pedí otro. Entonces se asomo Don Jose, nos sonrio. El Migue ya nos había dicho que su abuelo le había enseñado todo lo que sabía del pueblo, de plantas, de trabajo. El salio y le trajeron un silla. El Migue se saco los zapatos y todos nos sentamos en el suelo formando un circulo contemplando a Don Jose.
No se por donde comenzó, ni donde termino. Pero nos contó toda su vida. Desde su primeros zapatos para ir a trabajar a los 11 años. Toda la iniciativa