Me gusta que pasen los autos rápido.
Salimos corriendo deprisa, la reja está cerrada, tenemos que buscar la forma de escabullirnos. Corremos por la vereda hacía la esquina. Nos paramos miramos a todos lados. Me paro frente al semáforo, cuando no vienen autos cruzo. Ya es de noche, por estas calles hay poca iluminación. El suelo está húmedo, durante la tarde llovió fuerte. Cuando pasan los autos, los destellos se reflejan en todas partes. Voy camino a una plaza que queda cerca, a unas cuadras, ahí nos juntamos todos. Corro, corremos. Camino, caminamos.
Vamos con prisa, porque va a llover, lo vi en el celular. Con el Carlos vamos hablando, envueltos con parcas, guantes, gorros, bufanda. Apenas y le entiendo lo que dice. Hace un frío de mierda y el viento sopla a ratos. Estoy algo molesto porque no pudimos salir antes, es que su Mamá nos estuvo dando la lata.
El viento sopla bien frío, la luna apenas y se ve entre las nubes. Por aquí las calles huelen mucho a orina. Sé que más tarde, en un rato se va a poner a llover con fuerza, eso también se huele en el aire. En la otra esquina, un par me miran detenidamente. Me gritan y me hacen una seña, cuando cruzo la calle. Como si me fueran a atropellar, apenas y me adelanto al auto.
La Mamá del Carlos nos contó sobre un artículo que leyó en una revista, una entrevista a la Mamá de un cabro que murió en la calle hace un par de años. La cosa era simple, después de dos años la Mamá seguía absolutamente devastada, aun quería encontrar a los culpables del accidente. Los que se dieron a la fuga. Hace dos años la noticia fue bien conocida.
No cacho por qué las señoras hacen eso, como que hablan apenas de lo que ven en la tele, las telenovelas, las comedias mexicanas, venezolanas, brasileñas, de donde sean. Hablan de farándula y de noticias trágicas. De las noticias trágicas suelen hablar con los hijos, siempre tiene que ver con el sufrimiento de la Madre y del hijo muerto. Sera una muestra de cariño, supongo que es para que andemos con cuidado.
Pasa una señora entre nosotros, desde la distancia se urge entera, agarra la cartera con fuerza y acelera el paso, como si fuéramos a hacerle daño. Al pasar deja en el aire su perfume, me cargan los perfumes. Luego sigue caminando muy calmada.
Hay charcos por todas partes, más parece que salimos a saltar posas. Cruzar la calle porque sigue inundada, volver a cruzar para volver al curso. Hay que esperar a que pasen los autos que van rajado. Me gusta que pasen los autos, la calle mojada se ilumina completa.
Pasa un viejo gruñendo, nos mira enojado y se detiene, seguimos sin darle importancia. El viejo sigue, cojeando, se nota que la calle no lo ha tratado bien.
Me gusta harto cuando pasan los autos rápido. Levantan una ola de agua al pasar. Corremos rápido frente a un árbol que nos proteja. Es chistoso ver gente que hace lo mismo. Me quede parado esperando a cruzar la calle por la única parte donde puedo saltar sin empaparme. La llovizna se engruesa.
Pasamos frente a una casa llena de gente, las rejas abiertas, la puerta también, los conozco. Es de esas casas donde uno siempre es bien recibido, siempre con un plato de comida. Están en el ante jardín, bajo un toldo, se ve el humo, huele a carne, nos quedamos detenidos un momento, haber si nos dan algo, pero no. El viento sopla, el toldo se levanta, la lluvia cae de costado. Todos se entran con prisa, nosotros seguimos.
El Carlos abre el paraguas, no me gustan los paraguas, no me gusta mojarme, pero los encuentro muy aparatosos. Su Mamá nos pasó el paraguas antes de cerrar la puerta. Del otro lado viene un par que esperan lo mismo que nosotros, poder cruzar sin mojarse hasta las rodillas.
Cruzo, cruzamos la calle y el par no deja de mirarme mientras paso junto a ellos, sigo por mi camino, el par vuelve a conversar, Corro, corremos. Llegamos a la plaza y ahí están todos.
Suena mi celu, contesto y es el Pipe me pregunta si vamos a ir a su casa, yo le digo que ese es el plan. Para allá vamos a ir todos le digo. Lo agarro pal hueveo, se siente sólito, le digo en tono burlesco. Le digo al Carlos que el Pipe llamo para confirmar que vamos.
Hay unos basureros al costado de la plaza, ya están todas las bolsas deshechas. Pañales, bolsas jugosas de la carnicería, cartones mojados, botellas rotas, latas. Todo desparramado por el suelo.
Nos paramos en la esquina a esperar que el semáforo cambie. Un perro, unos perros cruzan y les hacemos señas, les gritamos, apenas y alcanzan a cruzar. Tiene pinta de perro bravo, nos mira mientras pasa junto a nosotros. Le digo al Carlos que hay que pasar por la botillería, antes de esperar la micro, compremos su vinito.
Corremos, damos vueltas, jugamos, somos hartos, nos mordemos. Somos más de diez. Corremos por la calle, nos olemos, ladramos y seguimos corriendo. Se larga la lluvia con fuerza. Me gusta cuando pasan los autos rápido, me dan ganas de perseguirlos.